viernes, 20 de noviembre de 2009

LA IMPORTANCIA DE ELIMINAR LAS PIEDRAS DEL HÍGADO, LA VESÍCULA Y LOS CONDUCTOS BILIARES


http://www.dsalud.com/numero106_1.htm

La mayoría de los adultos del mundo industrial -especialmente quienes sufren alguna enfermedad crónica como una dolencia coronaria, artritis, esclerosis múltiple o diabetes- tienen en común la presencia de cientos de piedras o cálculos que bloquean su hígado, la vesícula y los conductos biliares. Y la extracción de la vesícula o su operación -respuesta común en la actualidad- no suele solucionar el problema. Pues bien, el conocido terapeuta Andreas Moritz diseñó hace años un singular método de sorprendente eficacia para limpiar de arenilla y piedras el hígado y la vesícula en apenas siete días. Y en esta ocasión sí puede afirmarse que las imágenes que demuestran su eficacia valen más que mil palabras.
El hígado, órgano cuyas funciones le son prácticamente desconocidas a la mayoría de las personas, es uno más de los muchos campos en los que la Medicina Farmacológica y la Medicina Natural se enfrentan hoy día. Los médicos situados en la ortodoxia académica niegan la existencia de los cálculos hepáticos. Los médicos naturistas y los naturópatas, por su parte, sostienen no sólo su existencia como trastorno de base en un gran número de enfermedades crónicas sino que su expulsión mediante métodos naturales puede prevenir o solucionar además multitud de patologías. Y en ese sentido algunas de las fotografías que ilustran este reportaje así como el testimonio de su autor son una prueba más de la innegable existencia de tales cálculos. Los médicos podrán pues alegar lo que quieran pero lo cierto es que cuando cientos -si no miles- de " cálculos " congestionan el hígado impidiendo su normal funcionamiento es imposible que el organismo no se resienta negativamente y aparezcan las más diversas patologías.
"Mirad, os quería comentar lo que me sucedió el viernes -explicaba una internauta en un foro dedicado al intercambio de experiencias sobre la limpieza hepática-. Le comenté al médico lo de la limpieza hepática que estaba haciendo y se rió de mí. Me dijo que limpiarse el hígado era imposible, que el hígado no tiene piedras, que lo que yo eché era el resultado de la mezcla ingerida el sábado (las sales y el aceite se supone), que los conductos biliares miden 1 mm y que si intentara expulsar mi piedra de casi 2 cms no sólo sería algo absurdo sino que se me rajarían los conductos y el intestino delgado, me pondría amarilla y seguramente me moriría. Y ¡hala!, se quedó tan fresco el tío (.) Así que he investigado más. Él me dijo que los conductos biliares miden menos de 1 mm pero he investigado y suelen medir en adultos normales entre 7 y 8. Además he encontrado una enfermedad hepática que consiste en que un cálculo se queda atorado en el conducto impidiendo así el flujo de la bilis y provoca un intenso dolor".
En pocas palabras, la experiencia de quienes han llevado a cabo este tipo de limpieza es positiva en casi todos los casos: "La mayoría de los médicos (y, por tanto, de la gente en general) -decía la respuesta dada en el foro a la anterior consulta- no tienen ni idea de que podemos desarrollar sedimentos o piedras -también llamados cálculos- en los conductos hepáticos; no sólo en la vesícula sino también en el hígado. ¿Por qué? Porque no se ven en las ecografías. Un hígado graso que está empapado de colesterol, con los hepatocitos (células hepáticas) rebosando de colesterol, se ve en las ecografías como blanco pero sólo cuando está así de lleno se puede objetivar con una eco. Tan sólo las piedras duras calcificadas se reflejan por llevar cristales. Las piedras más blandas compuestas por colesterol o pigmentos de bilirrubina son transparentes a la eco y no aparecen visibles. Por eso no se localizan fácilmente si no se va a por ellas. El libro de Andreas Moritz explica muy bien todo eso. El cuerpo no tiene tiempo material de formar esas piedras sólo por tomar el aceite. Además, ¿como se explica que alguna gente -como yo- no eche nada en ocasiones? ¿Cómo se explica que no eches más a partir de la sexta limpieza o más? ¿Cómo vamos a formar cálculos de colesterol o bilis por tomar aceite de oliva? Se han llevado a analizar y son los típicos cálculos de vesícula. En fin, que no saben y su arrogancia les lleva a reírse de los pacientes. Me dan pena... A mi hermana le diagnosticaron cálculos en la vesícula con recomendación de operarse. Después de hacerse la limpieza volvió y le dijeron que no tenía cálculos, que debía haber sido un error de diagnóstico.... Pero les enseñó la foto de la ecografía y se quedaron sin saber qué decir".
Como nuestros lectores habituales saben en números anteriores hemos abordado ya la importancia de la limpieza hepática hablando, entre otras posibilidades, del método de la doctora Hulda Clark (léalo en el nº 67 entrando en nuestra web: www.dsalud.com ) y del de D. José María Cardesín (en los números 78 y 91). Pues bien, en esta ocasión vamos a abordar la limpieza hepática -el " hágalo usted mismo "- que propone el ya mencionado Andreas Moritz, terapeuta especialista en Medicina Ayurvédica, en su obra Limpieza hepática y de la vesícula (Ediciones Obelisco) que decenas de miles de personas en todo el mundo ya han seguido.
"La mayoría de la gente -afirma entre sus primeras explicaciones Moritz- asume que los cálculos biliares se producen sólo en la vesícula biliar. Una suposición errónea. La mayoría de los cálculos biliares se forman en realidad en el hígado y, comparativamente, pocos se producen en la vesícula biliar. Esto puede verificarlo cualquier persona al hacer una limpieza de hígado, con independencia de si es una persona corriente, médico, científico o alguien que ya no tiene vesícula biliar y piensa por tanto que está libre por completo de cálculos biliares".

EL HÍGADO, LA BILIS Y LOS CÁLCULOS
"A diferencia del estómago, por ejemplo, el hígado rara vez hace saber directamente cuando está disgustado o si necesita atención -señala Moritz-. Lo dice indirectamente, sin embargo, cuando uno comienza a sentirse mal. Una irritación de la piel, debilidad de la vista, un problema intestinal, un ciclo menstrual irregular, un recurrente dolor de cabeza, aumento de peso, pérdida de energía, envejecimiento súbito, estrechamiento de vasos sanguíneos, intestinos hinchados, problemas digestivos, dificultades para respirar, pérdida de memoria y de concentración, dolor en las articulaciones o cualquiera de las principales enfermedades como cardiopatías, cáncer, esclerosis múltiple, diabetes o la enfermedad de Alzheimer, por mencionar unas pocas, no se producirían si el hígado se encontrara en óptima forma. Y debido a que el hígado es el responsable de la transformación, conversión, distribución y mantenimiento del suministro de combustible del cuerpo, compuesto de nutrientes y energía, impedir esas funciones no sólo afecta al cuerpo en su conjunto sino también a la salud de cada célula".
Responsables de este deterioro serían los fragmentos coagulados de bilis -cálculos biliares formados básicamente de colesterol- que con el paso del tiempo y por diferentes razones van secándose y obstruyendo los conductos biliares en el hígado, órgano que interviene en más de 600 funciones bioquímicas indispensables para nuestra supervivencia. " Sí, es el mejor laboratorio que cada uno de nosotros lleva encima -nos diría el doctor Santiago de la Rosa, presidente de la Comisión de Médicos Naturistas del Colegio Oficial de Médicos de Madrid y miembro de nuestro Consejo Asesor -. Ejecuta millones de reacciones bioquímicas y trabaja muchas veces las 24 horas del día sin rechistar. Se encarga de funciones como la síntesis de las proteínas plasmáticas, la elaboración de la bilis -necesaria para la digestión y absorción de las grasas-y la desintoxicación del cuerpo a la vez que actúa como almacén de vitaminas, glucógeno, etc. Incluso es el responsable de eliminar de la sangre las sustancias que pueden resultar nocivas para el organismo transformándolas en otras inocuas. Algo para lo cual expulsa los materiales de desecho resultantes de todos los procesos en los que interviene a través de los conductos biliares. Pensemos que en el hígado se forman entre 1.1 y 1.6 litros diarios de bilis, fluido alcalino, amarillo y viscoso cuya misión es favorecer la digestión y eliminar las toxinas. Por eso cuando la bilis disminuye el trabajo que el hígado realiza deja de ser óptimo".
Imagínese el lector por un momento que parte de la red ferroviaria española quedara colapsada por piedras. Probablemente el país no se paralizaría al principio pero con el paso del tiempo el daño sería progresivo y afectaría a numerosas regiones. A cada una de forma diferente, obviamente, en función de qué tramos resultaran afectados. Bueno, pues lo mismo ocurre -según Moritz y otros expertos- con los conductos biliares por culpa de los malos hábitos nutricionales, el estrés, los estilos de vida desequilibrados y el consumo de drogas, fármacos y otros productos químicos como, por ejemplo, los aditivos alimentarios y químicos. El caso es que a veces, por todo ello, la bilis se seca. Y los conductos biliares del hígado quedan obstruidos por depósitos de bilis endurecidos o, lo que es lo mismo, cálculos biliares.
Moritz explica claramente en su libro la relación entre los problemas de oclusión causados por los cálculos biliares y la aparición de enfermedades de todo tipo: boca, estómago, páncreas, hígado, vesícula, dolencias cardíacas y circulatorias... "Cuando la comida ácida del estómago (quimo) llega al duodeno se mezcla primero con la bilis y los jugos pancreáticos -explica Moritz refiriéndose a las enfermedades intestinales- y después con los jugos intestinales. Pero los cálculos biliares en el hígado y la vesícula reducen en gran medida la secreción de bilis y eso debilita la capacidad de las enzimas pancreáticas para digerir los carbohidratos, las proteínas y las grasas. Algo que, a su vez, impide al intestino delgado absorber correctamente los componentes nutricionales de las comidas (los monosacáridos de los carbohidratos, los aminoácidos de las proteínas y los ácidos grasos y el glicerol de las grasas). Dado que la presencia de bilis en los intestinos es esencial para la absorción de grasas, calcio y vitamina K los cálculos biliares pueden degenerar en enfermedades mortales como las cardiacas, la osteoporosis y el cáncer (.)" Y añade: "Las comidas que no han sido digeridas correctamente tienden a fermentar y descomponerse en los intestinos delgado y grueso". ¿Y cuáles son las consecuencias? Pues la aparición de bacterias, residuos tóxicos y, a medio o largo plazo, un gran número de enfermedades.
Pero no sólo existe relación entre la bilis y los problemas digestivos, algo que cualquiera señalaría como obvio. También se detiene Moritz en explicar otras relaciones menos conocidas como la de los trastornos producidos en el sistema nervioso como consecuencia de la formación de cálculos. " Los glóbulos blancos, los rojos y las plaquetas -explica- se forman en la médula ósea, la cual es alimentada y mantenida por los nutrientes proporcionados por el sistema digestivo. Los cálculos biliares en el hígado interfieren con la digestión y asimilación de comida lo cual llena el plasma con material de desecho excesivo y reduce la distribución de nutrientes a la médula ósea. Esto, a su vez, altera el equilibrio de los componentes de las células sanguíneas, interrumpe el flujo hormonal y causa respuestas anormales en el sistema nervioso (.) Los cálculos biliares en el hígado reducen en gran medida la distribución de glucosa al cerebro y al resto del sistema nervioso lo cual puede afectar al rendimiento de los órganos, los sentidos y la mente".
Todo lo cual, según Moritz, lleva al consiguiente deterioro de las funciones hepáticas, a la disminución del suministro de nutrientes a los billones de células del cuerpo y a una merma de la labor de desintoxicación lo que puede terminar dando lugar a numerosas patologías y enfermedades crónicas. Un problema que no resolvería ni la extirpación de la vesícula. El doctor De la Rosa lo corrobora: "Si se extirpa la vesícula biliar se eliminan los cálculos que ésta contiene, pero, ¿y los que se están formando en el hígado? Como no se ven es como si no existieran pero con el tiempo veríamos que la salida de bilis del hígado disminuye y volveríamos a padecer problemas en las digestiones además de otros síntomas como muy bien relata en su libro el Sr. Moritz. En él expone exhaustivamente el problema de cálculos que tuvo desde niño y cómo mejoró cuando efectuó sus curas de limpieza hepática y de la vesícula biliar. De hecho de ahí le vino la experiencia que después le permitiría aconsejar hacer lo mismo a los demás".

LIMPIEZA HEPÁTICA
La limpieza hepática es, en apariencia, un simple " hágalo usted mismo ", según reconoce el propio Moritz. Sin embargo, tan importante como lo que dice el autor que hay que hacer es lo que no hay que hacer. Que también lo explica y por eso la lectura de la obra nos parece imprescindible para quien quiera proceder a la limpieza que propone ya que es difícil resumir -entre otras, por razones de espacio- todas sus directrices y consejos además de aclarar las posibles dudas.
En todo caso adelantamos que se requieren sólo seis días de preparación a los que seguirá el proceso de limpieza propiamente dicho que apenas dura 20 horas. Y como es recomendable hacerla un fin de semana la preparación debería comenzar también un sábado por la tarde a fin de aprovechar la estancia en casa del domingo de la siguiente semana para expulsar las piedras. Y un consejo más: si se decide a hacerla consulte con su médico o terapeuta para poder controlar efectos indeseados. No todo el mundo reacciona igual.
Los elementos necesarios para llevar a cabo la limpieza hepática de Mortiz son en realidad muy pocos. Bastan éstos:
-Un bote de Sales de Epsom.
-Medio vaso de aceite de oliva virgen extra.
-Un zumo de pomelo (preferiblemente rosa). Si no le gusta o no lo encuentra puede sustituirlo por zumo de limones y naranjas a partes iguales.
-Seis litros de zumo de manzana, preferiblemente ecológicas (hay que ingerir uno al día). También puede sustituirse por cápsulas de ácido málico.
Es todo. Eso sí, como paso previo a la limpieza Moritz aconseja someterse antes a una hidroterapia de colon a fin de reducir las incomodidades en el momento de las evacuaciones. Puede hacerse un par de días antes o el mismo día en que vaya a hacerse la limpieza. También aconseja realizar previamente una limpieza de riñón -en el libro explica igualmente cómo hacerla-, algo que entiende absolutamente imprescindible en el caso de personas con antecedentes de problemas renales. De esa manera se permite al riñón que vaya deshaciéndose de las toxinas acumuladas y no sufra en el momento de la limpieza una crisis depurativa.
De forma resumida diremos que la persona que decida realizar la limpieza debe tomar cada día -y durante seis- un litro de zumo de manzana (o, en su defecto, de 1.500 a 2.000 mg de ácido málico en polvo diluido en dos vasos de agua) en pequeños tragos a lo largo del día. La razón es que el ácido málico del zumo de manzana reblandece los cálculos además de tener un efecto fermentador que favorece la expansión de los conductos biliares. Eso sí, durante esos seis días no debe ingerirse nada frío y se deben evitar las comidas de origen animal, los productos lácteos y los fritos restringiendo además las cantidades a tomar.
La limpieza propiamente dicha, como ya dijimos, comenzará el sexto día por la tarde. Ese día sólo se debe ingerir en el desayuno frutas y zumos. Ni comidas proteínicas, ni mantequilla, ni aceite. Y a mediodía verduras al vapor con arroz blanco. En cuanto a la bebida, sólo agua. Luego, a media tarde, hacia las 18.00 horas, se echarán 4 cucharadas soperas de Sales de Epsom en una jarra o tarro a la que se añadirá el agua correspondiente a tres vasos grandes llenos. Una vez bien mezclado todo se bebe un primer vaso lleno en sus tres cuartas partes. Operación que debe repetirse de nuevo a las 20.00 horas. Esto se hace porque las Sales de Epsom llevan magnesio y además de tener un ligero efecto laxante -de hecho mucha gente con estreñimiento las usa habitualmente- tiene la gran virtud de dilatar los canales del hígado y el coledoco -conducto que desemboca en el duodeno y transporta la bilis- lo que facilita la salida de las piedras.
Finalmente, poco antes de las 22.00 horas debe mezclarse en otra jarra o tarro medio vaso de aceite de oliva virgen extra y tres cuartos de vaso de zumo de pomelo exprimido a mano y sin pulpa (o, en su defecto, zumo de naranjas y limones mezclados). Y tras agitar la mezcla con fuerza beberla lentamente estando de pie junto a la cama para, a continuación, acostarse inmediatamente; mejor sobre el costado derecho y con las piernas encogidas en posición fetal a fin de que la mezcla penetre mejor hacia la vesícula. El zumo de pomelo permite quitarle el sabor al aceite. Además es rico en vitamina C, depurativo, antiséptico natural, antimicrobiano y rico en ácidos cítrico, galacturónico, fórmico y málico. En cuanto al aceite además de ser lubricante y facilitar la expulsión de las piedras provoca la elaboración de mucha bilis. Tomar un vaso de aceite para eliminar cálculos es en realidad un remedio muy antiguo pero tiene el riesgo de que las piedras pueden quedarse bloqueadas y producir dolorosos cólicos... algo que se evita con la acción del ácido málico y la dilatación de los canales gracias a las Sales de Epsom.
Es todo de momento. Luego hay que intentar dormir. Lo único que se puede notar es que los cálculos se están desplazando por el hígado y cómo la vesícula se esfuerza en expulsarlos. Y quizás necesite ir al baño para evacuar pero luego debe acostarse de nuevo.
Transcurrida la noche deberá volver a ingerir las sales de Epsom diluidas hacia las 6.00 o 6.30 de la mañana del domingo y, por último, la cuarta y última toma hacia la 8.00 u 8.30. Dos horas después podrá ya ingerir si tiene hambre algún zumo y media hora más tarde una o dos piezas de fruta fresca. Y pasada otra hora más algún alimento sólido no muy pesado.
Todo dependerá de cómo se encuentre ya que a lo largo de esa mañana dominical -y quizás también por la tarde- tendrá que acudir varias veces al baño (si no ha tenido que hacerlo ya antes) para empezar las evacuaciones de piedras. Sabrá que es así porque flotarán en el agua y podrá hasta contarlas. Pueden ser docenas... o centenares. De distinto color y textura.
La limpieza habrá así concluido. Pero, ¡ojo!, eso no significa que haya eliminado usted todas. Puede tener muchas más. De ahí que Moritz recomiende hacer en realidad varias limpiezas hasta que no salgan más. A razón de una al mes.
Asimismo recomienda que tras cada limpieza se haga una hidroterapia de colon. Si puede permitírselo, con uno de los modernos aparatos a presión que hoy existen ya en muchos establecimientos y consultas. Si no puede o no quiere, con un irrigador en casa usando agua a temperatura corporal o ambiente (los encontrará en cualquier farmacia). Moritz en su libro, explica además distintas alternativas a la hidroterapia.
Insistimos, para terminar, que lo que antecede es simplemente una síntesis del protocolo de Andreas Moritz y sirve sólo como invitación a que cada uno profundice, en coordinación con su médico o terapeuta, en la limpieza hepática como método terapéutico.
"Hay muy diversos síntomas sin causas aparentes -nos diría el doctor De la Rosa- que pueden llevarnos a pensar en la necesidad de una limpieza hepática: dispepsias crónicas e hinchazón de abdomen, reflujos gastroesofágicos, malas digestiones crónicas, molestias hepatobiliares, dolor de cabeza, náuseas y mareos crónicos y falta de tono vital... Sólo hay que hacer un diagnóstico diferencial médico. Si exploramos visualmente la lengua y la parte de la raíz V lingual tiene saburra blanquecina o grasa que no se elimina y permanece durante mucho tiempo con nosotros debemos sospechar que hay algo de retención en nuestro organismo. Puede ser un complemento en los casos en los que exista una patología de deposición".
Según Moritz la recompensa es impagable: "Al eliminar las piedras a través de una serie de limpiezas del hígado (por lo general de seis a ocho son suficientes para restablecer plenamente el rendimiento del hígado), y, por consiguiente, mantener una dieta razonablemente saludable y un estilo de vida más natural el hígado vuelve a su natural eficacia y la mayoría, si no todos, de los síntomas de incomodidad comenzarán a disminuir. La energía y el bienestar en particular -afirma rotundo- aumentan con cada limpieza. Limpiando el hígado se eliminan miles de bits de sustancias tóxicas que han ayudado a formar las piedras y bloquear miles de conductos biliares del hígado. La limpieza de los conductos biliares del hígado de cálculos biliares puede ser de hecho una de los más importantes y poderosos procedimientos para mejorar drásticamente la salud y elevar la vibración del cuerpo. Al volver a abrir los conductos biliares la energía del cuerpo queda restaurada y la curación puede llevarse a cabo en todos los niveles de cuerpo, mente y espíritu".

UNA EXPERIENCIA PERSONAL
Debo decir finalmente que las llamativas fotos que acompañan este reportaje son el producto de cuatro autolimpiezas hepáticas realizadas por Ignacio del Barco -paciente del doctor Santiago De La Rosa- y en ellas aparecen los cientos de piedras -unas más grandes que otras, unas más compactas que otras- que ha ido eliminando a lo largo de tan sólo dos meses. Y como puede verse en ellas hay piedras mezcla de bilis y colesterol -las más verdosas- y piedras de puro colesterol -las de color crema-. Incluso se aprecian en algunos parásitos en forma de mini " mariquitas " colocadas sobre los cálculos.
Agregaré que Del Barco es una persona preparada. Estudió dos años de Medicina, trabajó para el INSALUD en el País Vasco y es experto en Matemáticas Biológicas pero, ante todo, le interesa el comportamiento humano y su relación con la salud. "En la dinámica de comprar -nos diría-, cuando todos compran interviene una hormona, la de la euforia, que está vinculada al sexo. Pero cuando hablamos de vender la hormona es más potente y nos condiciona para la huida de acuerdo a nuestro instinto de supervivencia. En Matemáticas Biológicas se estudia con las hormigas. Tú pones una hormiga encima de una mesa y se vuelve loca. Tienes 20 y no hacen nada. Pero pones un millón y enseguida forman un ejército con un comportamiento matemático estudiadísimo. Bueno, pues esto se está también estudiado en el comportamiento humano".
Indudablemente lo suyo son las cifras y no cualesquiera. Director General de una consultora de inversiones y pensiones su equipo mueve en todo el mundo miles de millones de euros sobre los que tiene que decidir. Le interesan pues más los costes de la no dependencia que los de la dependencia y no entiende que las pensiones sirvan para pagar a alguien para que nos ayude. "Hay cosas muy sencillas para el cerebro -nos comentaría-. Hay una serie de consejos que si se siguen mejoran ostensiblemente la memoria que es la base de la inteligencia y, por tanto, de todos los procesos cognitivos. Y hay una serie de productos naturales que se pueden tomar para lograrlo. Es un tema que me interesa mucho. Yo voy siempre cargado de información sobre salud y de productos naturales porque mi actividad es constante. Viajo por todo el mundo, soporto reuniones maratonianas y las decisiones que debo tomar afectan al destino de cientos de millones de euros". Y como buen autodidacta un día decidió abordar sus problemas de salud mediante una limpieza hepática siguiendo el protocolo de Moritz y completándolo luego con algunas recomendaciones incluidas en el protocolo de la doctora Clark.
Del Barco nos contaría que durante años tuvo las transaminasas altas -bebiera o no bebiera-, el ácido úrico alto -con ataques de gota repetitivos aunque eliminara las comidas susceptibles de provocar un aumento del mismo- y el colesterol alto. " Tengo un dato estadístico muy importante -nos diría mientras mirábamos las fotos de este reportaje- y es que las personas que fallecen de muerte súbita siempre presentan tres factores comunes: ácido úrico elevado, transaminasas elevadas y colesterol elevado. No por tenerlas así uno tiene que morirse pero todo el que muere joven de muerte súbita las tiene. Se ha contrastado epidemiológicamente. Yo tenía el colesterol en doscientos y pico, las transaminasas elevadas y el ácido úrico en diez. Y los tres están vinculados al hígado. Así que empecé la limpieza hepática para ver si funcionaba, como un puro experimento, porque las fotos que veía no acababan de convencerme. Es más, cada semana me hago una analítica para comprobar la evolución de los tres indicadores y cada año un test de intolerancia alimentaria. Bueno, pues en el laboratorio del Dr. Calderón se me detectó en el 2005 que había 34 alimentos a los que era intolerante. Y en el 2006 el resultado se repitió. Por eso el pasado 2 de marzo decidí aceptar el consejo del Dr. De la Rosa y hacerme una limpieza hepática".
Con un resultado, añadiremos nosotros, extremadamente positivo. "Desde entonces -nos diría- he expulsado cálculos crema -que son de colesterol- y verdes -de colesterol y bilis-. Sólo me falta expulsar los negros endurecidos. Así que voy a seguir con las limpiezas cada quince días o cada mes que es lo que aconseja Moritz hasta que no quede ninguna. Y es que los resultados están ahí. No sólo mi estado general es mejor sino que los propios análisis lo corroboran. El último análisis de transaminasas me da 81cuando antes estaba en 126, el ácido úrico estaba en 10 y ahora está en 9,12, el colesterol estaba en 220 y ahora está en 166. Y sólo soy intolerante ya a 17 alimentos en lugar de a 34. Y no porque haya dejado de comer los alimentos que me sientan mal pues no ha sido así; comerlos ha formado parte de mi propio experimento. A mi juicio demuestra la importancia de la limpieza hepática también en el caso de las intolerancias alimentarias. Debo decir además que me siento con mucha más energía y una sensación de liviandad que probablemente se deba a la disminución del tamaño de mi hígado. Y es que me habían diagnosticado una hepatomegalia con hígado graso". Por mi parte debo agregar que con posterioridad a este encuentro volví a ver a Del Barco y me aseguró que sus cifras seguían mejorando.
Me gustaría en cualquier caso agregar que los conocimientos de salud de Ignacio del Barco le llevarían a complementar la propuesta de Moritz con la limpieza de parásitos previa aconsejada por la doctora Clark así como a ingerir cada noche ornitina antes de dormir -tal como ella recomienda- porque además de relajar ayuda a eliminar el amoniaco, especialmente tóxico para el cerebro y causa frecuente de insomnio.
En todo caso, y aunque la limpieza hepática es un procedimiento sencillo, es mejor realizarla bajo la supervisión de un profesional y siempre respetando el consejo del propio Moritz de seguir el protocolo completo al pie de la letra. Algo cuya importancia nos reconocería el propio Ignacio Del Barco: "Hay que seguir a rajatabla el protocolo. Que no se le ocurra a nadie no hacerlo así porque puede acabar en el hospital. El día de la limpieza, por ejemplo, no se debe tomar más que fruta, avena con agua y ensalada. No se deben ingerir ni siquiera frutos secos porque en ese caso se necesitaría bilis para su digestión, la presión biliar sería menor y la expulsión de los cálculos, al salir mucho más secos, podría ser dolorosa. Asimismo, si no se dejan pasar al menos quince días entre limpieza y limpieza uno se arriesga a tener problemas. Yo decidí probar, la repetí sólo una semana después de la primera y tuve un ataque de gota por no dejar que los riñones tuvieran tiempo de eliminar por completo los fragmentos minúsculos que pueden pasar a través de la sangre a los riñones. Dejar pasar pues sólo una semana es un enorme error. Las limpiezas se deben distanciar como mínimo entre quince días y un mes. Sin olvidar que antes de cada una de ellas hay que hacer una limpieza de colon previa. En suma, hay que seguir todos los pasos del protocolo sin excepción".
El doctor Santiago de la Rosa nos diría por su parte para finalizar: "Debo decir que esta experiencia no sólo le ha permitido a Ignacio mejorar su cuadro clínico -los niveles de transaminasas, ácido úrico y colesterol- sino que emocionalmente ha notado que está menos irritado, estresado y ofuscado que es lo que produce el hígado según la Medicina Tradicional China. Y su experiencia -como la de tantos otros que se han sometido ya a la limpieza hepática de Andreas Moritz o de Hulda Clark- debería también servirnos de enseñaza a los demás. Porque es verdad que todos aprendemos cada día algo nuevo pero intuyo que esta vez la enseñanza es muy importante. Se nos ha enseñado que nuestro principal laboratorio orgánico, el hígado, puede limpiarse. A veces con drenadores suaves, otras con algunos moderadamente fuertes -homeopáticos o fitoterápicos- pero ahora sabemos también que, llegado el caso, podemos someterle a una limpieza general a fondo que incluya la eliminación de los cálculos intrahepáticos. Algo realmente importante sobre todo cuando otras posibilidades terapéuticas hayan fallado ya. Eso sí, para llevar a cabo esta cura mi consejo es que el paciente se coordine con un médico que conozca bien el tema y pueda ayudarle en el caso de que apareciesen problemas inesperados".


Sonia Barahona

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